El factor integración.
El programa difundido por M. Bachelet en su discurso deja paso a una serie de conclusiones que seguramente dividen aguas.
El énfasis en lo social por sobre lo tradicionalmente económico hace de su discurso casi un punto de partida para un futuro posible.
Más allá de la distribución de los excedentes del cobre, de la distribución del ingreso, del crecimiento proyectado, los temas relacionados con la realidad de los pensionados, con la educación, el emprendimiento y las pymes, este último punto planteado desde una perspectiva mas compleja y consistente que los simples y reduccionistas métodos de beneficios impositivos, serán un tema de análisis y conversación en tiempos por venir.
Más allá de rankings de competitividad, de rasgarnos las vestiduras por la caída al puesto 24, ó por un crecimiento aparentemente poco atractivo, el foco del proyecto Bachelet avanza sobre el síntoma de la falta de innovación y tecnología, apuntando al corazón del problema chileno: La integración social.
Tenemos claro que el crecimiento es esencial pero que no es el reaseguro del futuro si no existe una adecuada derivación de los beneficios económicos inmediatos que genera.
Es ahí que aparece el objetivo superior del desarrollo, que es bastante más que el crecimiento puntual y desequilibrado del ingreso.
Básicamente, en esta era digital y molecular, no se puede asegurar el desarrollo sustentable futuro a partir de un enfoque agrario, comercial y de producción primaria.
Jugar el juego de los grandes exige derivar recursos hacia el triángulo de la riqueza, cuyos vértices son el conocimiento, la innovación y la actitud proactiva al cambio.
Estos tres pilares están sostenidos por una convergencia real entre ciencia, tecnología y negocios, entre universidades, centros de investigación y empresas.
Pero conocimiento, innovación y actitud no son patrimonio de unos pocos elegidos, sino que puede darse en cualquier ámbito de la sociedad, y para ello, el factor integración es determinante.
La integración es bastante más que participación, es preparar a la población para que los más aptos, estén donde estén, provengan de dónde provengan, tengan posibilidad de propuesta.
Alguna vez me preguntaron porqué Argentina tenía buen rugby y mi respuesta fue: Porque juegan todos. Es bastante más fácil elegir 15 jugadores entre 150.000 jóvenes que entre 3.000 pertenecientes a una elite privilegiada. La diversidad es la mejor manera de acceder a la novedad, ya que la imaginación no es patrimonio de elegidos “sociales”, sino de elegidos por capacidad de romper límites. La transversalidad es sinónimo de diversidad positiva.
Hay situaciones dónde las barreras virtuales producto de la diferenciación social son la barrera que hace estéril para la sociedad el esfuerzo de crecer. Porque ese crecimiento debe retornar en forma de mejor calidad de vida para pensionados, posibilidades de educación equitativa para todos los que manifiesten el mismo potencial, para emprendedores que afronten la innovación con menor aversión al riesgo.
Derivar recursos hacia nuevas alternativas basadas en ciencia, tecnología, arte, y todo aquello que promueva valor agregado a los peligros de dormirnos sobre un colchón de comodities, es la prioridad.
Porque el pleno empleo será función del nuevo empleo.
Y en ese punto, debe haber una nueva convergencia, estado-empresa que lleve adelante este proyecto que es posible.
Más allá de cualquier color político. Es la hora…en nombre de la equidad, la dignidad y el respeto, el resultado más preciado del desarrollo de un país.