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Chile y Estados Unidos ¿Somos Novios?

Es bien sabido que Chile no es precisamente por estos tiempos un país típicamente latinoamericano, tal vez como Argentina, ó como Uruguay, que son países que miran más a Europa que a su propio continente.
Chile, más allá de sus raíces y de su inmigración eminentemente europea es, tal vez, el país sudamericano de mayor compatibilidad cultural con Estados Unidos. Cuánto influye esto en la vida de los chilenos, en lo político, en lo económico, en lo tecnológico. Es una fortaleza ó la actual realidad del país más poderoso de la tierra nos presenta un futuro no tan claro? Porque tener un pololo tan poderoso no debe ser tan sencillo, no?

Es cierto, cuando caminamos por las calles de Santiago, cuando vemos televisión, cuando observamos la publicidad en la vía pública, cuando hablamos con la gente común que pronuncia (ó al menos intenta pronunciar) palabras ó marcas en inglés, nos damos cuenta que la cultura americana es parte del paisaje. Sí, más allá de las críticas y resistencias al estilo “gringo”, la influencia americana es notable y se ha incorporado a la cultura del país.
La evolución de las tiendas por departamentos, hipermercados, grandes tiendas temáticas como los “hardware store”, la alimentación con comida “chatarra”, programas de televisión tomados directamente de la TV americana, nos han transformado no sólo en un país con hábitos americanos, sino que además las grandes marcas americanas (especialmente en retail, telecomunicaciones, automóviles), utilizan al mercado chileno como prueba para el mercado latinoamericano.
Si basta con ver la publicidad de promociones de viaje a La Florida para comprarse todo, hasta un traductor de delfines…Demasiado gringo.
Claro que eso no es sinónimo de éxito para el resto de la región, porque si bien ese paisaje americano se reitera en grandes ciudades en países vecinos, no necesariamente éstos comparten los mismos valores. 
Esto se ve reflejado en el resultado de muchas empresas como por ejemplo Home Depot que debieron retirarse tras el fracaso por no entender cómo existen sociedades con culturas diferentes, ó que deber sufrir casi eternamente como Wall Mart sin poder hacer pié entre hipermercados locales.
Países como México, Brasil y Argentina, que junto a Chile podríamos decir que son las potencias de la región, no tienen de parte de sus ciudadanos ni de sus gobiernos tanta vocación proamericana, es mas, con un estilo cuasitercermundista estos países siempre ironizaron sobre los Estados Unidos y hasta lo hacen culpable de los males del subdesarrollo en forma permanente.
En esos países, el paisaje americano contrasta con el profundo sentido antiamericanista de su gente
México con su eterno problema fronterizo y migratorio, Brasil con su siempre amenazante volumen y ahora con un estilo contestatario frente a la política de restricciones de visa de parte del gobierno de Bush, y Argentina con su perfil sociocultural europeo que disfruta de la cursilería “yanqui”, como son llamados en la jerga popular los ciudadanos americanos. 
Aquí en Chile, no es tan así. 
El chileno medio habla del gringo como un cowboy lejano, rico y admirado por lo que posee aunque desconfiado por la dependencia de un todopoderoso que “nos va a ayudar a partir del tratado de libre comercio”. En el perfil socio-cultural más elevado las opiniones son divididas: Desde adeptos que aceptan relaciones casi “carnales” con Estados Unidos como única alternativa de crecimiento, y otros que aceptan relaciones tecnológicas y económicas pero ni hablar de acuerdos políticos ni de compartir valores.
Pero en todos los casos, no hay un manifiesto “anti”. Todos van al mall, todos comen rápido, todos intentan hablar “spanglish”.
Pero cuáles son las consecuencias de ser el más americano de Latinoamérica?

Homero Simpson ó Woody Allen?

Sabemos que Estados Unidos es la potencia hegemónica militar, pero también sabemos de sus verdades y mentiras.
No todo en Estados Unidos es desarrollo.
Sillicon Valley, New York, Boston, Seattle, no son lugares que se comparen culturalmente con Texas ó con Atlanta.
Esto nos hace suponer que Estados Unidos tiene diferentes caras, pero lo que es más notable, es casi un ejemplo socialista. Como???
Todos tenemos claro que ni Woody Allen, ni Bill Gates, ni Steven Spielberg son el sinónimo del americano medio. Es más, en algunos casos hasta no son personajes demasiado populares. Pero ellos como tantos otros con mentes brillantes son quienes diseñan un sistema de convivencia entre quienes tienen capacidad intelectual y económica y los que no.
El americano medio no es precisamente brillante, y el americano medio es Homero Simpson. Imaginan a Homero intentando sobrevivir en alguno de nuestros países latinoamericanos?? Sería un despojado social.
El americano medio no puede vivir fuera de un sistema conocido. Siempre está a la espera de Superman, de que los buenos ganen.
Y como sabemos, no en todas las partes del mundo los buenos ganan. Aunque, quienes son los buenos?
Esto es producto de una educación masiva con poco impacto global. Acaso Homero y sus conciudadanos conocen dónde queda Chile? Sigue siendo cierto que para muchos Sudamérica es un país cuya capital es Río de Janeiro.
Los niveles educacionales en Estados Unidos no son tan integrales como parece, y los valores que sostienen a la mayoría de la población americana no son precisamente sinónimos de desarrollo.
El culto al miedo y a las armas, los problemas de alimentación, la falta de interés por entender al mundo son parte de una sociedad cerrada en su generalidad.
Es la minoría quién a través del desarrollo tecnológico, el conocimiento y las artes, se pone al servicio de la generación de riqueza individual y subsistencia colectiva. Ahí aparece un concepto que no necesariamente podemos llamarlo solidaridad, aunque sí tolerancia para poder convivir.
Chile es así? En este punto tenemos algunas diferencias sustanciales con nuestro socio principal.
Tenemos problemas en nuestra educación, que no sólo tiene que estar sustentada en que nuestros hijos puedan hablar inglés, sino que debería estar sostenida por la incorporación de conocimientos y habilidades pero con énfasis en la capacidad de comprender, criticar y conversar con un enfoque integral, sistémico y global.
No tenemos el desarrollo tecnológico ni la capacidad de promoverlo desde la investigación básica, mal endémico de países subdesarrollados y en vías de desarrollo, no tenemos un crecimiento equilibrado a nivel país, manifestado en la cada vez más amplia brecha en la distribución del ingreso, pero por sobre todas las cosas, no podemos afirmar que somos socialmente tolerantes. Entonces, el Homero Simpson chileno no podrá acceder al nivel de vida de su homónimo estadounidense, que con un bajo nivel intelectual, vive el sueño americano.
Esto exige a Chile entender otros modelos que permitan promover un desarrollo posible que no estará dado por la exclusividad en las relaciones, sino por su diversidad.


USA TODAY

Pero no todo es un jardín de rosas en el gran país del norte, y el sueño americano ha cambiado.
La realidad política, el poder infinito, la falta de liderazgo genuino, la decadencia cultural (miedo y censura) son indicadores de la caída.
La realidad política americana, con un cada vez mayor alejamiento del ciudadano de la “cosa pública” debilitan la siempre destacada democracia del país libre.
La sensación de poder infinito, en realidad poder militar cuasi-imperial, ha promovido en el ciudadano americano un sentimiento de falsa superioridad frente al resto de la humanidad, pero lo que es peor, ha incrementado sus miedos frente a represalias de un mundo que no cree en la actual estructura de poder político que, según algunos, domina al mundo.
Y ese miedo se transforma en cierre de fronteras, en falta de apertura y lo que es peor, en la palabra que puede ser el comienzo del fin del imperio: la censura.
Si algo era admirado de Estados Unidos era su vocación a la libertad, esa capacidad inglesa de reirse de sí mismo mezclado con valores de igualdad. Ya no es así. 
Transmisiones televisivas con “retrasos” para evitar discursos “antiBush”, ó para evitar críticas a la política internacional, son señales que no sólo preocupan a la minoría ilustrada americana, sino a sus socios internacionales.
El poder infinito en lo político, el poder infinito en lo económico, el poder infinito en lo tecnológico pueden sucumbir por la incompatibilidad de valores, casualmente, el verdadero motivo de la decadencia de los grandes.
Y la decadencia no necesariamente se va a confirmar en 5 ó 10 años, porque acostumbrados a ver el mundo desde la rapidez y volatilidad de las cuestiones económicas, no nos damos cuenta que el problema es de 100 años. Claro, estarán allí nuestros bisnietos, no?
Pero no todos los valores se han perdido, y alguno de estos valores son totalmente compatibles con la sociedad chilena.
Y el valor de la riqueza es un dato concreto.
El americano es un buscador del éxito, y el éxito se mide en dinero. Una sociedad plagada de conflictos familiares y afectivos (sólo basta con ver las series televisivas de los últimos 10 años) es movilizada por la velocidad y el desgaste de su gente por tener más.
Chile también tiene una sociedad que mide en dinero. Y si sumamos que aún el apellido es sinónimo de riqueza, en Chile se juntan estos atributos: Nombre, dinero y poder.
Desde la tradición de patriarcas familiares, hasta la explosión de nuevos ricos y pasando por el interés del taxista en conocer la evolución de la tasa de interés ó del tipo de cambio, Chile es un país medido por esos tres factores, aunque en muchos casos el dinero es el esencial.
Y eso no está bien si pensamos que para alcanzar el desarrollo, se necesita de riesgo, y el riesgo es también perder, y casualmente en Chile no se admira al arriesgado perdedor. O al menos la parte de la sociedad que grita mas fuerte, admira a quién mas tiene, que no siempre es el que mas propone.


El Futuro

Nunca podremos ver el fin desde el principio, por lo tanto tenemos que caminar el camino.
En un mundo de ambigüedades, no podemos ser tan rígidos y sería realmente comprometido proponernos ser el pololo exclusivo de la primera potencia.
Cabe recordar el caso Argentino con las famosas “relaciones carnales” propuestas por Menem en sus años de gloria y de mentiras.
Nunca Argentina obtuvo nada, sólo la posibilidad de viajar sin visa, vivir con una paridad cambiaria falsa, pagar tasas de interés tan enormes con ridículas, compartir la corrupción con grandes corporaciones globales con sede en Estados Unidos, especialmente en telecomunicaciones y en negocios financieros.
Fue malo tener un solo novio para nuestros vecinos.
Por eso el futuro que se construye desde el presente exige un poco de razón por sobre la pasión.
Ser un buen socio no quita la posibilidad de tener otros.
Porque cuando Estados Unidos subsidia a su trigo, más allá de los tratados, tendremos que pololear con los europeos, ó porque no con los asiáticos, ó porque no con nuestros vecinos, justo ahora que necesitamos energía.
Porque el país poderoso no merece obediencia debida, merece admiración y respeto por la manera de ver y tratar a la realidad, y guiar al resto. Y no existe país en el mundo que merezca esto, al menos por ahora.
En un mundo diverso, seamos respetuosamente diversos.
Más allá de una hamburguesa.

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