Adiós al gurú.
Peter Ferdinand Drucker, estudiante de derecho internacional, de historia, de ética, de política y otras tantas disciplinas relacionadas con la condición humana, acaso el pensador más influyente del management, nos ha abandonado a los 95 años.
Esa sensación de abandono es la que sentimos aquellos que creemos fervientemente en la práctica de la gestión empresarial, por sobre todos los juegos académicos mezquinos.
Porque PFD, nunca jugó ese juego,. Tal vez porque siempre sostuvo que la amplitud de la visión es lo preponderante respecto a la excesiva álgebra y a las comprobaciones estadísticas propias de oscuras y restrictivas publicaciones que hacen cada vez más cerrada la profesión de conducir organizaciones.
El, siempre le dio prioridad a los medios masivos, a la publicación de decenas de libros con un lenguaje corriente, propio de los grandes, apto para todos aquellos que ejercían efectivamente la práctica gerencial y el ser empresario.
PFD nunca fue profesor en las grandes escuelas de negocios, como Harvard, Stanford o Kellog, sólo en el final de su vida le dio su nombre a una escuela de negocios muy pequeña en Claremont. Los académicos “puristas” lo calificaban como falto de rigor, algo lógico si entendemos que los académicos del management privilegian el rigor a lo relevante.
Por eso, este vienés-americano dividió aguas. Por un lado los académicos que no entendían ni aceptaban un erudito con tremenda percepción por sobre las metodologías, por el otro lado, y por esa misma capacidad de interpretación y amplitud, los empresarios lo erigieron en el máximo exponente de la profesión.
Pero esa división, más allá de resultar trágica, ha generado decisiones presentes con efecto futuro en el mundo de la gestión de los negocios.
Una encuesta realizada hace muy poco por el Financial Times a 1000 ejecutivos de las mayores corporaciones, refleja que sólo 5 de los 20 escritores y pensadores preferidos en el ámbito del management son de esencia mayoritariamente académica. Los demás son gerentes, consultores ó empresarios refugiados en escuelas de negocios.
Profundizar la división entre académicos y “druckerianos” puede llevarnos al terrible error que en los claustros de las escuelas de negocio está la teoría y en la empresa sólo la práctica, cuando en realidad deben complementarse en un mismo espacio de pensamiento.
Warren Bennis plantea que muy posiblemente “existan profesores de management que sólo han visitado empresas como consumidores”, y que la interacción con empresas se dan con alumnos y no con gerentes. Por otro lado, el extremo puede plantear que la práctica es lo único válido, cuando sabemos que el management es una disciplina que se nutre de ciencias.
Pero hay algunos anticipadores en las más importantes escuelas de negocio que hablan de integración de conocimientos y de aprendizaje a partir del trabajo mismo, tal como sucede en las grandes consultoras que realmente forman a un profesional que complementa la práctica con la posibilidad de explicarla.
Peter Ferdinand Drucker, el gurú, el maestro, nos ha abandonado, pero su legado, pleno de ideas, de supuestos, de percepciones, de diversidad y de ruptura, debemos adoptarlo como la esencia de esa extraña, compleja y fascinante actividad que es la de dirigir organizaciones.