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¿Quiénes creemos que somos? El mapa social de los chilenos

Cuicos, Cuicos Hippies, Huachacos, New Yorkers, Tribus, Conservadores clásicos, Lanas, son algunos de los habitantes de la jungla chilena que consume todo lo que vemos.
Pero a pesar que los especialistas en investigación de mercados los reconocen como estereotipos, es casi seguro que varios de estos grupos conviven en una misma persona. 
Como cada uno de los personajes de estas historias. Si alguno de ellos se parece a alguno de ustedes, es pura coincidencia.

La Historia de Talia

Ella vive bien arriba, en Lo Barnechea. Al lado de los cerros comienza su día trotando casi una hora para mantener su estado físico propio de un estereotipo del segmento “outdoor”
El deporte extremo es casi su rutina y hasta socializa a través de él. Pero no todo es eso, ya que a pesar de ser un sujeto 4X4 tiene fuertes inquietudes culturales.
Es profesional y emprendedora, muy personal. Hace mil proyectos a la vez, pero se siente satisfecha desarrollando habilidades por sobre su imagen. 
Tiene entre 30 y 40 años, vive con sus hijos, con su perro, y el aire libre y la naturaleza son su esencia. 
Claro, usa ropa sin importar demasiado una marca específica, pero las tiendas como Adrenalin y los clásicos de Columbia son sus favoritos. 
Los asados con amigos y la música de Charly García, Fito Páez, Silvio Rodríguez y los clásicos de los ochenta forman parte de su “carrete” formal.
Pero Talia trabaja y en su oficina vestida de negro se transforma en Cuica. Habla como Cuica, y hasta parece que viene del mall. Dice garabatos con elegancia y hasta parece poco simpática en el trato, tan profesional como sugestivo.
Así y todo, al mediodía frecuenta El Huerto, para comer ensaladas y hacer un culto a la vida sana que complementará con el yoga como nuevo entretenimiento.
Y Talia, como mujer sola, también tiene su carrete informal y allí puede aparecer con cualquier disfraz. Puede vestirse con la prolijidad desprolija de una “Cuica Hippie”, puede ser tan Armani como una mujer “mundana” y puede frecuentar con amigas ó con algún amigo ocasional tanto en El Luguria como en El Toro.
Lee El Mercurio, pero lee The Clinic. Compra en Zara, y usa “bototos”. Va a las playas del Norte, pero no deja de pertenecer a Santo Domingo como parte de una vida social requerida. Le encanta New York, pero viaja a la India.
Pero hay algo que marca su destino: La aventura de vivir, aunque sin perder su necesidad de pertenecer.

La Historia de María

El Parque Forestal es una especie de Central Park. Y ella lo sabe, por eso vive allí. Su familia tiene historia y la ha transformado en una Cuica desde la cuna, pero también hay Cuicas rebeldes. 
María es artista, y es definitivamente urbana. Amante de las nuevas tendencias estéticas y culturales, no se siente chilena. Es internacional. O parece serlo.
Establece siempre relaciones horizontales y busca permanentemente diferenciarse a partir de su estilo tan trasgresor como independiente. 
Usa ropa vanguardista y de mall. Mezcla a Kebó, Passport y Zara ó MNG. 
María tiene entre 30 y 35, pero quiere parecer menos. Habitante de El Toro, del Café del Patio, de El Huerto, disfruta la noche sofisticada e intelectual del Sarita Colonia y después, de La Feria, dónde da rienda suelta a su espíritu electrónico.
Va a las ferias de antigüedades, y a las ferias de arte. La TV abierta es una anécdota para ella, que se regocija con el cable, con Friends y con SEX & THE CITY.
Lee Blank, Paula, El Mercurio y The Clinic. Escucha a Stereolab, Bosanova, Jazz, y música cubana.
Viaja a destinos exóticos, pero demuestra tener mundo, algo importante para quién no quiere mostrarse nativo. 
María es tan rebelde como interesada por el lujo. Tiene un discurso social, bien de cultura progresista, pero ama al lujo y al dinero. Es el paradigma de la revolución burguesa que se hace desde el living tomando Absolut con Red Bull. Y esa pasión por el dinero, el lujo y el confort la transforman en una Conservadora Clásica más.
Su espíritu hippie se confunde con el Yuppie que lleva dentro y que en definitiva marca un destino común: La aventura de creer ser.

La Historia de Pía

Pía vive en La Dehesa. Tiene más de 40 años, pero su estilo fantástico la transforma en una mujer sin tiempo.
Es profesional, cuida el status y tiene un andar soberbio, propio de quién tiene claro la tradición y la esencia de los roles en esta sociedad.
Pía es Cuica, un valor de finales del siglo XX y un antivalor para esta época de desesperada búsqueda de diferenciación.
Pía vive a la moda, es mujer de mall y de grandes tiendas, dónde a menudo también le compra a su “cuico” la camisa Polo ó el sweater de Saville Row.
Pía necesita distintivos, es una Conservadora Clásica integrada a la sociedad que la vio nacer y crecer en los mejores colegios de Santiago.
Busca entretenimiento, no lee muchos libros y va al cine a ve películas comerciales que la distraen. Ama a la farándula, y sin que su grupo de pertenencia lo sepa, lee Las Ultimas Noticias y ve al Kike.
Formalmente lee El Mercurio, Capital y Caras, que le permite estar al día de la evolución de su clase. 
Pero Pía también vive de noche, y en su carrete formal con sus amigas Cuicas frecuenta el Tip y Tap, el Publicity, y el Tiramisú.
Pero también tiene noches informales en El Reloj, Dublín y porque no, con algún amigo “aventajado” hasta se anima a recorrer algún recóndito lugar de Bella Vista, disfrazada con un estilo más Hippie que de ninguna manera le hace perder su esencia.
Ella tiene claro su destino común: La aventura de parecer ser.


La Historia de Jaime

Jaime tiene entre 35 y 40. Es conservador, familiero y doble vida. Tiene un matrimonio anulado y vuelto a casar con una Cuica, rubia y estupenda. Tiene hijos (varios) y van a un buen colegio, apto para relacionarse.
El es Ingeniero Comercial, obvio, de una de las clásicas universidades chilenas.
Usa ropa absolutamente de marca, necesita de cocodrilos, de caballos con polistas y de todo aquello que lo proteja de no sentirse parte del circo.
No quiere diferenciarse entre sus pares, sino ser uno de ellos y distinguirse del resto de la sociedad, que no es como él.
Es tradicional en sus creencias, pero como parte de los eventos sociales que debe afrontar.
Sus hijos son una proyección de sus deseos sociales y su instinto paternal se confunde con la búsqueda de símbolos familiares.
No es mal tipo, pero esconde el afecto a través de un estilo “pseudo machista” que lo manifesta en sus extensos happy hours en el Friday´s, Ruby Tuesday, Dublín y en El Reloj, dónde la cuota de alcohol es directamente proporcional a la necesidad de animarse a hablarle tonterías a un ser del sexo opuesto. Porque Jaime de día es Bruno Díaz, y a la noche juega a ser Batman.
Escucha la música de los ochenta, hace que baila, se arregla el pelo y hasta a veces intenta parecerse más joven, algo imposible de lograr por su desgastada vida de ejecutivo que le exige ganar más y más para mantener el parecer.
Y se mezcla en discusiones populares porque constituye un público masivo que se caracteriza por la liviandad producto de haber leído profundamente “Quien se ha llevado mi queso”.
Habitante de las playas tradicionales y de los lugares clásicos y familiares de veraneo, es asiduo lector del suplemento de negocios de El Mercurio, aunque no deja de leer Las Ultimas Noticias vía internet.
Es farandulero, ama ser protagonista, pero cuando debe serlo, abandona el barco.
Porque su destino común es claro: La aventura de ser un seguidor de tendencias que le asegure una identidad comprada.


La Historia de Juan

Juan estudió filosofía en la Universidad de Chile. Tiene poco más de 40 años y en sus años jóvenes era claramente un “lana”. Crítico del sistema, fundamentalista de izquierda, idealista y amante de la vida popular, fue poco a poco transformándose en progresista.
No se preocupan por la imagen, ya que están en el estilo opuesto al Cuico representado por Jaime, pero se preocupa por no usar logos, porque la no marca es su marca.
Es un ser cultural, escucha música alternativa, cubana, andina y hasta se sienten seducidos por el estilo “progre” de Los Tres.
Habitante de Ñuñoa, aspira a vacacionar en Latinoamérica para reafirmar raíces.
Aman la evolución, pero no la modernidad trivial. Se preocupan por su entorno, por la ecología, y por la búsqueda permanente de solucionar el bienestar social.
Creen en la familia auténtica, y por eso en algunos casos superan los 3 matrimonios, pero sin esconderlos.
Juan es bien chileno, pero quiere otro Chile. El nunca está conforme, se siente siempre defraudado por políticos y por eso es cliente permanente de cuanta publicación alternativa aparezca. Y mezclan su pasado antiglobalizador con un presente integrador con el mundo desarrollado. 
Porque su destino común es claro: La aventura de ser rebelde en una adolescencia sin final.

Estos cinco personajes no son “puros”, sino que todos tienen algo del otro. En mayor ó en menor medida. Casi como obligación para diferenciarse.
Y seguramente hay más historias, porque hay más gente en esta jungla. Desde intelectuales marginados, “rotos” con plata, tribus de jóvenes que van desde los “audiovisuales” hasta “góticos”. Todos tienen algo tan distinto que los separa y tan común que los agrupa. Pero a la hora de “luchar” el futuro, en todos los casos, la idea es mantener y fortalecer un escalón social, crecer para alcanzarlo ó esforzarse al máximo por no perderlo. Pedro el taxista, Luisa la empleada de una tienda por departamentos, Rodrigo el arquitecto joven que trabaja en un estudio de diseño, todos ellos aspiran a crecer económicamente y, por que no, emprender el difícil desafío de escalar la montaña en lo social. Casi, lo que no se puede comprar.
Y el Chile en crecimiento es el gran motivador. Aunque no será igual para todos. Las barreras virtuales entre los diferentes grupos siguen bajas.
En una sociedad tribal, dónde las tribus no se mezclan, dónde el que compra en el Alto Las Condes no conoce el Plaza Vespucio y viceversa, siempre van a existir caricaturas, que los expertos llaman segmentos y que según los roles que jueguen en la vida, actúan.

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