Costumbres argentinas.

Tal vez hayan sido las elecciones menos competitivas y menos excitantes de los últimos años en La Argentina, considerando la holgura con la que Cristina Fernández de Kirchner ha sido reelecta como presidenta. Siempre es esperanzador un triunfo de este nivel en la medida que la mayoría acepte a quienes disienten con ella en sentido constructivo, algo que CFK prometió en su discurso de cierre de campaña llamando a la unidad y a la convivencia, algo imprescindible para la profundización de los cambios necesarios y posibles.
Bienvenido este triunfo si sirve para un “darse cuenta” que permita modificar lo necesario para atender tres cuestiones centrales: a) no perder el tren de la oportunidad, b) fortalecer un modelo de equidad bien entendida, y c) recuperar, si es que alguna vez existió, la integración social perdida por un estilo innecesariamente prepotente.
Respecto a la primer cuestión, hay viento a favor… En los últimos 8 años, el mundo y las circunstancias se apiadaron de La Argentina en llamas pagando precios impensables por un cereal mágico llamado soja, que se han transformado en el “sueldo” de los argentinos. El estado de bienestar transitorio suaviza la permanente presión social y la clase media burguesa rebelde sin causa y contradictoria en convicciones, volvió al paraíso de los años ilusorios de Menem cuando se disfrutaba la fantasía que un dólar era igual a un peso. Miami, pizza y Champán.
Pero en lugar de entender el momento como una plataforma para despegar, el gobierno de CFK se focalizó en sostener y consolidar obsesivamente el aparato de poder creado sabiamente por su esposo Néstor. Entre luces y sombras, privilegió el discurso supuestamente progre en lugar de delinear una Misión País.
Es que el modelo argentino es no tener modelo y eso puede ser una novedad frente a un mundo que se sostiene en dogmas políticos y económicos rígidos. Posiblemente, el modelo de no tener modelo es el que le calza a la sociedad argentina, a la que poco le interesan los rankings de competitividad, ó de desarrollo humano, o de potencial inversión externa. Todo pasa por el bienestar de hoy. Y parece que la vida es ahora…
Acerca de las segunda cuestión, la idea de fortalecer la equidad a partir del modelo de reducir la pobreza debe profundizarse, a partir de sostener con justicia subsidios sin hacerlos eternos, porque de ser así, pasarán a ser una dádiva inmerecida para quienes buscan trabajo real con dignidad. Y la equidad también es la seguridad y la justicia sin mirar el color político de la situación. Sería maravilloso que eso pueda suceder…
La cuestión c) sea tal vez la más determinante: Recuperar la integración social significa evitar el enfrentamiento inútil y las inconsistencias en la búsqueda del equilibrio y la convivencia social. Se hicieron cosas relevantes, como la igualdad en la unión matrimonial, la asignación por hijo, la jubilación para dueñas de casa, pero quedan temas pendientes. Uno de esos temas es encontrar mayor coherencia en el tema de los derechos humanos. Si este gobierno es progre, pacifista, defensor de la libertad…porqué, por mencionar un caso, no recibió al Dalai Lama? Tal vez, el precio de la soja y las necesidades alimentarias de China le nublaron la vista a CFK. Porqué es necesario soportar bravuconadas de exaltados funcionarios contra la parte de la sociedad que tiene diferencias de opinión? Esas actitudes no van de la mano con el progresismo que se supone tener.
Tengo claro que al leer este artículo, mis amigos K dirán que soy “anti K”, porque como todos sabemos, ó se es K ó se es un liberal recalcitrante fascista, sin entender que la actitud de allegados a CFK y especialmente del grupo de fanáticos evangelizadores del “modelo de no tener modelo”, es fascista. Es que el progresismo K es tan particular que ha confundido persuasión con acto de fuerza, embistiendo contra todo lo que no tiene su mismo color. Y la democracia progre es convivir con la diversidad.
Se hicieron cosas importantes en estos últimos ocho años, especialmente en los primeros años de Néstor Kirchner, el verdadero arquitecto de La Argentina de hoy y del poder de este gobierno. El tema será si CFK interpretará la necesidad de ajustar los puntos pendientes, especialmente el de pensar que esto recién comienza y no hay nada finalizado para festejar por anticipado algo que aún no está consolidado. Y para eso, será necesario también escuchar diferente música para evitar la atrofia neuronal demostrada por algunos dirigentes K.
Yo invito a perfeccionar el modelo de no tener modelo, a resurgir dando señales para todos y permitiendo el disenso y la variedad, porque con él, los pueblos alcanzan la madurez necesaria para lograr el bienestar general tan ansiado.